El lugar.

En la esquina de la antigua calle de la Victoria, hoy Pedro Montt, con Freire tuvo su cuartel el antiquísimo Regimiento 2º de Línea, el mismo que hoy reconocemos como Regimiento "Maipo". Cuando éste se cambió de lugar, quedó un sitio contiguo a él que se ocupó como cuartel del Batallón Cívico Nº 1, siendo el edificio principal ocupado por el Regimiento de Infantería de Marina.

En abril de 1852 ocurrió un desastroso incendio en un hotel de la calle de la Victoria que alentó la necesidad de la creación de una Compañía de bomberos en el Almendral. La formación de esta entidad tomó cuerpo ante el entusiasmo del vecino y bombero señor Edmundo Sartori.

La flamante Asociación dio alas a esta fundación para lo cual mandó a construir en el antiguo cuartel de los Cívicos Nº 1, el nuevo local para la 3ª Compañía de Bombas, pagando la suma de $ 700.- y cediendo las antiguas bombas existentes antes de la formación de la Asociación en junio de 1851.

Como también sabemos, esa 3ª de Bombas del Almendral, fundada en julio de 1852 no tuvo una feliz ni prolongada existencia por la desidia de sus componentes, quedando prácticamente desorganizada a fines de ese mismo año de 1852.

La nueva Tercera realmente se formó tras el incendio de septiembre de 1853 y con el generoso aporte de don Matías Cousiño Jorquera, cosa que ya conocemos de sobra.

De allí pues, el mismo cuartel que se acondicionó para la fenecida 3ª de Bombas, sirvió como cuartel, valga la redundancia, para la vital y fervorosa Tercera Compañía de Bomberos "Cousiño", nacida el 13 de octubre de 1854.

 

El primer arreglo

La inquietud del flamante Capitán, don Edmundo Sartori, por contar con un cuartel como es debido, tuvo que esperar su buen tiempo para ser concretada.

En efecto, una protesta planteada por los oficiales de la Compañía al Directorio de la Asociación, en la que hicieron presente la incapacidad de sus esfuerzos para sostener económicamente a la institución, hizo que el Superintendente de aquellos años, don Angel Custodio Gallo, representara al gobierno una ayuda extraordinaria, no tan sólo para la Tercera, sino que para el resto de la Asociación también. El presidente señor Montt Torres encontró de toda justicia lo solicitado prometiendo su apoyo. Más tarde se pudo ver como el Congreso aprobaba la entrega de $ 10.000.- al Cuerpo de Bomberos y, para la Tercera, la cesión del terreno que ocupaba más $ 4.000.- para la construcción del cuartel. Esto sucedía el año 1856.

El Capitán Sartori tomó como cruzada propia el reacondicionamiento del nuevo cuartel y excedió en los gastos lo aportado por el poder ejecutivo y legislativo. Estos sobregiros fueron solventados posteriormente por el Directorio. Convengamos entonces que el alma de esta primera obra en el cuartel fue don Edmundo Sartori.

Aquel primitivo cuartel fue siendo objeto de constantes mejoras a medida de los esfuerzos de las oficialidades que continuaron a cargo de la Compañía.

 

Los arreglos parciales.

El año 1863 el Director, don Vicente Vidaurre Leal, realiza ingentes esfuerzos ante el Intendente de Valparaíso y logra que se devuelva al cuartel la parte del patio posterior que el gobierno había cedido al Cuartel Fiscal.

El año 1881, siendo Director don Pedro González Miranda y Capitán don Juan E. Clark, considerando el deplorable estado en que se encontraban ciertas dependencias, realizan reparaciones en el patio posterior y departamentos interiores.

En el patio, se colocaron letrinas de patente y se compusieron resumideros y desagües. Estas medidas mejoraron el cuartel y corrigieron gastos de aseo y conservación del edificio. Aquí conviene aclarar algo, el cuartel poseía un antejardín el que llegaba a lo que actualmente es la puerta de corredera que da acceso a la Sala de Máquinas.

Aquel mismo año de 1881, se puso en conocimiento del Directorio la necesidad de elevar el piso de entrada al cuartel, pues éste se encontraba en un nivel más bajo que el de la calle y, en días de lluvias muy copiosas, se inundaba lo que llamaban el "Salón de Bombas".

Ell año 1882 se inicia para la Tercera bajo la capitanía del señor Juan E. Clark, quién debió renunciar al cargo al tener que cambiar su residencia a Argentina. Esto último, motivado por la obra de ingeniería que había emprendido con su hermano Mateo, la construcción del ferrocarril transandino. En Reunión de 22 de julio es elegido como nuevo Capitán don Manuel de Tezanos Pinto. A él le correspondió, con un celo enorme, realizar varias refacciones del cuartel, como por ejemplo: pintar y empapelar el Salón de Reuniones, pintar y asfaltar el patio posterior y colocar una reja de fierro a la entrada del cuartel. La mayor parte de los trabajos fueron solventados por los propios voluntarios.

 

La primera gran remodelación.

El año 1884 se insinúa al Directorio la posibilidad de eliminar el antejardín para alargar el cuartel hasta la calle, de tal forma que ese espacio ganado fuere aprovechado en agrandar, a su vez, el Salón de Bombas y el Salón de Reuniones.

Sin embargo, no se insistió más en este tópico, pues el gobierno había presentado un proyecto de ley al Congreso para enajenar el local que ocupaba el cuartel en conjunto con los terrenos que pertenecían al Fisco (El cuartel del regimiento de Infantería de Marina). Se hacía necesario, de esta forma, esperar el resultado de tal proyecto. Existía intranquilidad, pues se confiaba en las gestiones del Directorio para que los terrenos del cuartel de bomberos no fueran incluidos en esta operación.

La buena nueva llegó el año 1885, el Senado concedió el terreno en que se enclavaba nuestro cuartel a perpetuidad, condicionado a que el Cuerpo de Bomberos lo destinare para este solo objeto. Esta buena noticia sorprendió a la Compañía bajo la dirección de don Urbano González

y la capitanía de don Roberto Pretot Freire. Inmediatamente surgió la idea de la construcción de un nuevo cuartel, buscando tener nuevas comodidades y nuevos atractivos para sus miembros. Para tratar este tema se citó a una Reunión y se acordó recaudar fondos para la realización de la obra. Se nombró una comisión para tales efectos que la compusieron los siguientes voluntarios, señores: Urbano Gonzales, Roberto Pretot, Manuel Luco, Ricardo de Ferari, Fernando Edwards, Bernardino Toro y Carlos García Ledesma.

Al 31 de diciembre de 1885 existía una suscripción por parte de los voluntarios para aportar a la obra que ascendía a $ 4.426.-, con una amortización a esa misma fecha de $ 2.689,53. Lo notable es que los aportes recién habían comenzado en el mes de octubre.

Finalizado el año 1886 la suma suscrita había ascendido a $ 6.014,45 y el saldo por cubrir sólo era de $ 465,69. Los honores en la recolección de fondos se los llevó don Ricardo de Ferari, un tenaz recaudador.

El año 1887 la reconstrucción del cuartel empieza su etapa culminante. En el mes de junio el gobierno promulga el proyecto de ley en que cede indefinidamente el terreno que ocupa el cuartel a la Compañía. La valiosa cooperación en el Senado de los señores Eulogio Altamirano y Adolfo Ibáñez, más el aporte en la Cámara de Diputados del señor Julio Bañados Espinoza, hacen posible la cristalización de este ansiado anhelo.

Diario Oficial Nº 3.035 de 22 de junio de 1887.

"Santiago, 16 de junio de 1887, y por cuanto el Congreso Nacional ha aprobado el siguiente proyecto de Ley:

Artículo UNICO: Se autoriza al Presidente de la República por el término de un año para enajenar el terreno de propiedad fiscal que existe en Valparaíso entre las calles de la Independencia, Freire y de la Victoria, la parte que actualmente ocupa el Regimiento de Artíllería de Marina, ELIMINANDO LA PARTE OCUPADA POR EL CUARTEL DE LA 3ª COMPAñíA DE BOMBEROS, cuyo uso se concede a dicho Cuerpo mientras lo destine al servicio de la institución.

Y por cuanto, oído el Consejo de Estado, ha tenido a bien sancionarlo; por tanto, promúlguese y llévese a efecto como Ley de la República."

Firman:

José Manuel Balmaceda Fernández, Presidente de la República.

Nicolás Peña Vicuña, Ministro de Guerra y Marina.

El Directorio del Cuerpo nombra una comisión para la construcción del nuevo cuartel, ésta llama a propuestas para las obras y acepta los planos presentados por el arquitecto señor Carlos von Moltke. Se piden, a su vez, las propuestas para la demolición y reconstrucción, las que una vez aceptadas darán inicio al trabajo. El monto total de dichas propuestas asciende a $ 21.000.-

El año 1888 se inician los tan esperados trabajos. Junto con ello, a la Tercera le ocurre algo histórico, por primera vez desde su fundación debe abandonar su querido cuartel de calle de la Victoria. Para cubrir esta circunstancia se arrendó un local ubicado en calle Chacabuco Nº 108, al que se trasladó el 27 de enero de 1888. El transcurso de la historia le jugaría otra ocasión como ésta noventa y siete años después, algo más triste, ya que sería sin saber cuando se podría lograr el nuevo retorno. Más adelante se verá en detalle tal hecho.

Ese mismo año de 1888 nuestro voluntario don Arturo Edwards Ross, entre varios obsequios, encarga a la casa Rondanell y Cía. de París, Francia, muebles, cristalería, porcelanas, cortinajes y lámparas para alhajar el nuevo cuartel. Bien sabemos que las sillas, poltronas y sofás en cuero marroquí y madera de jacarandá son los que aún conservamos en nuestro Salón de Honor. Además, se había encargado a Estados Unidos, con fondos de la Compañía, un billar. Todos estos encargos arribaron en los primeros meses de 1889, muy a punto para la inauguración del nuevo cuartel.

El 17 de marzo de 1889 la Tercera regresó a su eterno hogar y el día 24 del mismo mes se realizó la solemne ceremonia de inauguración.

La entrega de premios del aniversario de 1888 se pospuso para esta magna fecha a fin de dar el realce que la ocasión ameritaba. El acto comenzó a las 13 horas, presidido por el Director señor Roberto Pretot Freire y el señor Vicesuperintendente del Cuerpo hizo solemne entrega, a nombre del Directorio, del nuevo cuartel. Tras un ejercicio en la Plaza de la Victoria se sirvió en las flamantes nuevas dependencias un banquete para los invitados y voluntarios.

El nuevo edificio de dos pisos, ofrecía todas las comodidades que se podía pensar y era coronado por una torre en la cual se instaló la campana de alarma. En nuestra actual Sala de Oficiales se encuentra un cuadro que muestra la torre de aquella construcción.

Nuestro ex voluntario Guillermo Ernesto Meyer en sus "Tradiciones Tercerinas", recuerda que el gran impulsor para la feliz terminación de las obras de este remodelado cuartel fue el Capitán don Carlos García Ledesma.

Como en todas estas circunstancias, siempre existe un motor, un hombre eje que contagia al resto para los propósitos que se han impuesto. El remodelado edificio pasó a constituirse en centro social de reuniones, no sólo las inherentes a las actividades bomberiles, sino también a la de particulares amigos de la Tercera. La asistencia de los miembros de la Compañía al cuartel en sus ratos de ocio se veía amenizada por la existencia de periódicos y libros ilustrados recibidos, ya fuera por obsequios o suscripciones. Tuvo amplia aceptación la creación de "El Club del Té", que llenó de orgullo a sus administradores los que, obviamente, eran voluntarios.

La elegancia no escapaba a este verdadero centro social. Las ceremonias de aniversarios de la Compañía siempre fueron sobrias, como lo podemos ver hasta en nuestros días, pero a la hora de banquetes y agasajos se podían transformar en smoking concerts con exigencia de tenidas de etiqueta y otras exquisiteces. Todas estas fiestas eran amenizadas por orquestas contratadas para esos efectos. Hacia fines del siglo XIX, participó también en la parte musical de estas veladas un conjunto en forma de estudiantina conformada en su gran mayoría por voluntarios de la Compañía. Llegaron a ser parte obligada en acontecimientos internos y externos, en estos últimos casos, en corsos de flores con motivo de las desaparecidas Fiestas de la Primavera.

Mayor conocimiento público se tuvo de esta "Estudiantina de la Tercera", en las fiestas organizadas por la I. Municipalidad por el cambio de siglo, en las que obtuvieron un premio en el paseo veneciano que era parte de tales festejos.

 

Lo que causó el terremoto de 1906

Pero todo lo que el hombre construye con tanto esfuerzo y dedicación no está ajeno a las vueltas de mano que nos da la naturaleza. Esta magnífica obra inaugurada el año 1889 vio su fin diecisiete años después. Un horrible terremoto destruyó a Valparaíso el 16 de agosto de 1906. El violento sismo ocurrió a las 20 horas de aquel aciago día.

Nuestro cuartel no estuvo exento de la destrucción que sufrió la ciudad. Se derrumbó completamente el segundo piso y la torre, salvándose solamente, el mobiliario forrado en cuero, perdiéndose totalmente la estantería, piano, billar, mesas, lámparas, etc.

La entereza de varios miembros de la Compañía movió al servicio a la bomba y gallos con sus respectivos caballares para hacer frente a los múltiples incendios que estallaron tras la desgracia.

Ahora correspondía a la Tercera enfrentar con entereza esta prueba que las fuerzas de la naturaleza le endilgaban, y no sería la última.

Dios nos había puesto en nuestro caminar un paladín que por varios años sería su gran mecenas: don Carlos Van Buren Vallejo. Este gran filántropo había ingresado a la Compañía el 11 de noviembre de 1887 y ya había ocupado varios cargos en la oficialidad que le habían destacado nítidamente.

En Reunión de Compañía celebrada el 14 de octubre de ese trágico año, se aceptaba el ofrecimiento de los voluntarios: Carlos García Ledesma, Roberto Felipe Délano Ross y Carlos Van Buren Vallejo, para hacerse cargo y conformar una Comisión de Reconstrucción del Cuartel.

Esta comisión, con aportes particulares, agregados también, fondos entregados por el Directorio, actuó dinámicamente. Se comenzó la reconstrucción el 23 de octubre de 1907. En esa fecha se procedió a demoler lo que era necesario. El material para el ataque de incendios, llámese bomba, caballos y otros, se trasladó a un galpón construido para el caso al fondo del patio y se le dio una salida por calle Freire. Como podemos ver, en esta oportunidad la Compañía no abandonó su lugar eterno.

Las nuevas obras estuvieron a cargo de la empresa formada por los señores Siegel y Geiger. La comisión ad hoc, fue incrementada con los voluntarios señores Alberto Riofrío Samit y Roberto Barroilhet Budge, y cumplió su cometido en la forma brillante que suele ocurrir en la Tercera.

Tal es así, que antes de completar un año desde los inicios de los trabajos, la Compañía ya contaba con su remodelado cuartel.

En efecto, para nuestro quincuagésimo cuarto aniversario, es decir el 13 de octubre de 1908, se le inauguraba oficialmente. Faltaban algunos detalles, pero la entrega era una realidad. Los honores por su labor de entusiasmo y contagio del resto de los voluntarios corrió esta vez por cuenta del Capitán señor Roberto Felipe Délano , al que no le fue en zaga el Director don Alberto Riofrío.

El año 1914 la Tercera cambió de domicilio aunque no se movió de su lugar. Aquel año la antigua calle de la Victoria, en su tramo entre el Parque Italia y la Plaza de la Victoria, pasó a formar parte de la nueva y amplia Avenida Pedro Montt, como póstumo homenaje al fenecido ex presidente de la República que tanto hizo por la reconstrucción de Valparaíso tras el terremoto de 1906.

El año anterior, en 1913, más precisamente el 24 de febrero, ocurrió un incendio en el cuartel. A eso de las 12,45 horas se verificó el inicio de un fuego en la torre de mangueras el que se extendió a tres piezas que conformaban parte de las habitaciones correspondientes al Cuartelero y su Ayudante. Se lamentó también el deterioro de material. Las causas se supusieron en chispas escapadas de construcciones vecinas y debido al viento reinante, tan característico de Valparaíso.

El año 1916 otro hecho de trascendencia ocurre con la propiedad, el Cuerpo de Bomberos la inscribe en el Conservador de Bienes Raíces de Valparaíso.

Este cuartel se mantuvo incólume por espacio de varios años, sus transformaciones vinieron de la mano de la modernidad que arrastraba el nuevo siglo. Y estas transformaciones vinieron de las ideas y servicio profesional de un nuevo hombre que ingresó a las filas de la Tercera, me refiero

a don Enrique Harrington Castro. El señor Harrington era de profesión arquitecto y tal actividad la puso al servicio de la Tercera. Además de contar con una visión futurista encomiable, su arrastre fue proverbial.

El año 1917, en diciembre, comienza la remodelación del hall de entrada al cuartel, separándolo de la Sala de Máquinas, crea la escala de acceso con lo que hoy conocemos como Castillo, dividiendo el Salón de Honor con el Casino o Cantina. Esta distribución es la que dura hasta nuestros días.

Como ya tratamos en uno de estos episodios, ocupando el cargo de Capitán tiene la notable visión de crear la Guardia Nocturna y encabeza su construcción el año 1923, sobre lo que fue la pesebrera cuando el caballo fue el impulso de las bombas. El año 1924 remodela la Sala de Máquinas y lavatorios, se recorre la techumbre del cuartel y se amplía la claraboya.

Los embates de los terremotos que afectan a la ciudad los años 1965 y 1971 no traen daños de mayor significación a nuestro cuartel. Algunas murallas de la vecindad pasan a ser amenazas y, por precaución, hasta su reparación o demolición, la Guardia Nocturna y el personal rentado (Cuartelero y Mayordomo con sus familias) pasan a ocupar dependencias cedidas graciosamente por el Colegio de los Sagrados Corazones para cubrir su rol nocturno, esto ocurre entre julio y diciembre de 1971. El material rodante no abandona el cuartel.

 

El terremoto de 1985

El año 1983, siendo Director don Fernando Mutis Osuna, se emprende la gran tarea de construir una nueva y moderna Guardia Nocturna. Su concreción se trató en el episodio ya señalado anteriormente. La nueva dependencia se inauguró en enero de 1985. Sería una de las partes del cuartel que se salvarían de la terrible hecatombe producida por el terremoto de 1985, más precisamente el 3 de marzo de ese fatídico año.

A las 20,30 horas de aquel desgraciado día de postrimerías de verano, un gran sismo con características de terremoto se dejó sentir en la zona central del país. Valparaíso fue parte de la desgracia y gran cantidad de casas y edificios sufrieron serias averías a consecuencias de él. Muchas edificaciones cayeron en el mismo instante, otras, al paso de los días, debieron ser demolidas por los peligros que entrañaban.

Nuestro cuartel fue afectado seriamente. Las dependencias del Mayordomo y Cuartelero se vinieron al suelo. La Secretaría arrastró toda su historia atesorada y terminó convertida en múltiples escombros. Debemos dar gracias a Dios que para aquel día, era un domingo, se había programado por parte de la Comandancia, un paseo campestre para todos los Cuarteleros del Cuerpo. Esto hizo que en casa de nuestro Cuartelero no hubiese nadie, y, por feliz casualidad, en la del Mayordomo tampoco.

Para cualquier emergencia se había requerido la presencia de un Maquinista y en el caso de nuestra Compañía tal deber lo cumplió nuestro querido Voluntario Honorario don Jorge Jiménez González. A la hora del terrible movimiento telúrico, éste regresaba con el carro de cumplir con un Llamado de Comandancia. Olvidando todo el riesgo que implicaba, sacó uno a uno nuestros carros para ponerlos a salvo de otra posible réplica. Labor valiente y llena de los símbolos que este voluntario atesora.

La verdad de las cosas es que tanto el Salón de Honor, Casino y Sala de Máquinas no mostraban mayores daños. Sin embargo, la vista de la parte posterior era sobrecogedora, era un enjambre de escombros esparcidos.

Obviamente la recién inaugurada Guardia Nocturna había salido incólume de la emergencia y pasaría a ser, tras la catástrofe, sala de todas las actividades inherentes a nuestro quehacer.

Al igual a lo acontecido en 1906, se declararon varios incendios a causa de la desgracia. El de mayor envergadura fue el que afectó al edificio de la Compañía Chilena de Tabacos, ubicado en avenida Colón.

La Compañía acudió como corresponde a nuestra razón de ser. Atrás quedó el cuartel derruido, los problemas particulares que arrastraban los voluntarios a causa de casos singulares. Ahí estuvo presta la Tercera, dispuesta a cumplir con su sagrado deber.

El 13 de mayo, tras efectuar una evaluación de los daños, la Junta de Oficiales elaboró un proyecto para ser tratado en Reunión de Compañía. Esta se verificó en las dependencias de la Guardia Nocturna y sus puntos principales fueron:

- Atenerse a lo que dictaminarían los informes técnicos en cuanto a las demoliciones que necesitaría el cuartel.

- Hacer todos los esfuerzos para cumplir las labores bomberiles en el cuartel tomando como base la Guardia Nocturna

- Constituir una comisión, no superior a cinco personas y encabezadas por el Director (Arturo Sabugo Silva), para contactar a autoridades y entidades particulares para la reconstrucción del cuartel.

- Autorizar a la Junta de Oficiales para adquirir dos casas de emergencia para ser instaladas en la Pérgola como habitaciones para el Cuartelero y el Mayordomo.

- Algo tan elemental, lograr que los voluntarios se pusieran al día en sus obligaciones para con la Compañía.

- Instalar la Secretaría, el Archivo y la Sala de Oficiales en el 2º piso de la Guardia Nocturna.

A todo esto, se solicitó a nuestro voluntario señor Jorge López Wolleter, arquitecto con basta experiencia en la construcción de cuarteles de bomberos, un informe técnico respecto a las averías que presentaba nuestro cuartel. Desgraciadamente, en un principio, este informe fue lapidario. Se hacía necesario demoler completamente el cuartel para elevar uno nuevo. Esto fue reporteado por "El Mercurio" el día 13 de marzo.

El 15 de marzo tiene lugar una Reunión de Compañía, una vez más en la Guardia Nocturna, y se nombra la comisión para la reconstrucción, la conformaron: Arturo Sabugo Silva (Director), Oscar Vío Valdivieso, Jorge López Wolleter, Carlos Longhi Lubet y Manuel Orrego Nápoli.

El 20 de marzo comienza la demolición de partes del cuartel por miembros de la Infantería de Marina. Este trabajo concluye el 17 de abril y da paso a una limpieza. A todo esto, se da la posibilidad por parte del Directorio, para que la Compañía se traslade a los Módulos existentes

en calle Pudeto con avenida Errázuriz, propiedad de Bienes Nacionales pero al servicio del Cuerpo de Bomberos. Para ser puesto en servicio este local necesitaba de varios arreglos. A estas alturas y ante una gentil deferencia del Club Valparaíso, las Juntas de Oficiales y Reuniones se comienzan a desarrollar en ese centro social.

Las gestiones realizadas por el Director don Arturo Sabugo Silva nos hacen comenzar a soñar. El Almirante señor José Toribio Merino Castro, miembro de la Junta Nacional de Gobierno, señalaba que tres millones de pesos estarían dispuestos para comenzar los trabajos de reconstrucción.

El señor Merino Castro era casado con doña Margarita Riofrío Bustos, hija y nieta de linajudos miembros de la Tercera, que se remontaban a la época de su fundación. Su actuación será primordial en los logros futuros.

El 31 de agosto de 1985 la Tercera, por segunda vez en su historia, abandonaba su eterno cuartel. A las 18,30 de aquel funesto día, la Compañía en correcta formación y con quebradas voces cantando nuestro himno, dejaba atrás la casona de avenida Pedro Montt para afincarse en los estrechos e improvisados Módulos de calle Pudeto. Cuarenta y cinco cabizbajos voluntarios, eran partícipes de este hecho que no tenían ni la más remota esperanza de un pronto retorno.

Como broche de oro a este traslado, la Comandancia del Cuerpo (Patricio Rawlinson Vicuña) emitía el 30 de octubre una Orden del Día, por la cual disponía una reacomodación de las Compañías en cuanto a Sectores. A partir del 9 de noviembre la Tercera pasaba a conformar las Compañías del Sector Puerto. Es decir, moría nuestra esencia, dejábamos de ser la BOMBA DEL ALMENDRAL.

Sumando y restando, no todo podía ser tan malo. Posteriores informes técnicos hacían ver que no era necesaria la demolición total del Cuartel. Podían seguir en funciones el Salón de Honor, el Casino y la Sala de Máquinas. Además también, obviamente, la Guardia Nocturna que no había recibido daño alguno.

A todo esto se había reestructurado la comisión de la reconstrucción, ahora la componían: el Director señor Sabugo Silva, don Oscar Vío Valdivieso, don Gastón Prado Martínez, don Fernando Mutis Osuna y don Domingo Monteverde Engelbach. ímprobas resultan las gestiones del señor Sabugo Silva, quién muestra todo el cariño por la Tercera al no cansarse de golpear puertas,

de solicitar entrevistas y reuniones con cuanta persona pudiese aportar o colaborar en la consecución de fondos para la reconstrucción. En forma particular recibe la ayuda de los hermanos Eduardo y Raúl Devés Jullian, sobrinos de nuestro mártir, diligentes empresarios del rubro de la construcción; de don Fernando García Rawson, gerente de Pinturas Tricolor, yerno de nuestro fallecido y querido voluntario don Norberto Ladrón de Guevara; de las gestiones de don Mario Errázuriz Barros, Vicepresidente de la Junta Nacional de Bomberos (Voluntario de la 5ª de Santiago). Todos ellos, de una u otra forma, nos ayudaron a vislumbrar una luz al fondo de ese negro túnel que por tanto tiempo nos tuvo en ascuas.

Desde un principio la figura y disposición del Almirante don José Toribio Merino Castro fue fundamental para la reconstrucción. Su jefe de gabinete y posteriormente, Director del Personal de la Armada, Almirante don Jorge Martínez Bush, fue nuestro nexo más directo y también un pilar en los anhelos que se tenían.

Se obtuvo que la I. Municipalidad de Valparaíso se hiciera cargo del proyecto y la obra gruesa. El día 17 de abril de 1988 aparecía en el diario "El Mercurio" el siguiente aviso:

"Reconstrucción Cuarteles 3ª Compañía de Bomberos.

Llámase a Propuesta Pública para ejecutar la obra Reconstrucción Cuarteles, Oficinas y dependencias Tercera Compañía de Bomberos de Valparaíso.La apertura de las Propuestas tendrá lugar el día 2 de mayo de 1988"

El día 24 de mayo, en acto celebrado en nuestro cuartel, el Alcalde de la ciudad don Pablo Staig Araujo, firma la adjudicación de la Propuesta Pública a "Constructora Reñaca" por un precio de $ 25.878.664.-

El sábado 22 de octubre de 1988 se celebraban los tijerales de la obra y el 16 de diciembre de ese mismo año, se efectuaba un simulacro de ceremonia de retorno, pues se entregaba sólo la obra gruesa de las nuevas dependencias.

Se había terminado la obra y se habían terminado los fondos. A todo esto, una nueva oficialidad se hacía cargo de la Compañía a inicio del año 1989, la encabezaba como Director don Domingo Monteverde Engelbach y le acompañaba como Secretario don Fernando Mutis Osuna. Ellos recurren una vez más al Almirante Merino Castro para la obtención de recursos. Nuevamente el puente de plata lo constituye el Almirante Martínez Bush, que asume el desafío como propio. Se encuentra la solución al lograr los fondos vía Secretaría de Desarrollo Regional, los que se hicieron llegar a través de la I. Municipalidad de Valparaíso.

El anuncio de la aprobación definitiva de estos fondos los hizo el Almirante Jorge Martínez Bush a nuestro Director señor Monteverde, en la Sesión Solemne realizada en el mes de abril de 1989 con motivo de la celebración del centenario del canje que nos une con la 5ª Compañía de Bomberos de Santiago. Las nuevas obras estuvieron a cargo de la empresa Arcos y Vera y Cía.

A todo esto, desde diciembre de 1988 ya se realizaban, algunas veces, las academias en el cuartel, como también, las comidas de días viernes.

El día viernes 16 de marzo de 1990 se realizó la última academia en los Módulos de calle Pudeto. Fue para preparar y organizar el retorno que se llevó a efecto al día siguiente, sábado 17. Ese día todo fue jolgorio y encontradas emociones de regresar en definitiva a nuestra vieja casa, nuestro querido cuartel. El Director don Domingo Monteverde con la emoción del momento y con la expectación del resto de los voluntarios comunicó por radio a la central de bombas que la Compañía estaba de retorno en avenida Pedro Montt.

El 20 de marzo de 1990 una nueva orden del Día ponía las cosas en su cauce normal. La Tercera regresaba a ser Compañía del Sector Almendral. El día 23 del mismo mes se realizó una comida para celebrar el feliz retorno, asistieron treinta y seis voluntarios que al estilo de las vísperas de días 13 de octubre, recorrieron el cuartel entonando "La Tercerina".

El sábado 27 de octubre de 1990 la Tercera cumplió con un acto de nobleza. Con la asistencia de los voluntarios con sus esposas y novias, entregó una medalla de oro y rubíes, similar a la que se entrega a los voluntarios que cumplen 50 años de servicios, al en esa fecha Almirante en Retiro don José Toribio Merino Castro. Fue una hermosa ceremonia que se completó con la entrega de una llave de coplas al Almirante don Jorge Martínez Bush, a la sazón Comandante en Jefe de la Armada. Además se entregaron galvanos conmemorativos a los ex Alcaldes de la ciudad, los señores: Francisco Bartolucci Johnstone, Arturo Longton, Pablo Staig y Alejandro Navarrete, quienes de una u otra forma tuvieron que ver con la reconstrucción del cuartel.

En víspera de la Navidad del año 1992, se declaró un voraz incendio en el edificio contiguo al cuartel por calle Freire, el que ocupaba en parte el Patronato de los Sagrados Corazones. Pasamos horas angustiosas, pues hubo momentos en que hubo que defender tenazmente nuestro edificio del fuego, para ello contamos con el fuerte apoyo de varias Compañías que dieron frente a nuestro enemigo común desde nuestras dependencias.

Tal fue la zozobra y pavor que se vivió en esa madrugada que aún tenemos patente el momento en que se dio el final de alarma. El Capitán Francisco Morera Hierro hizo formar a la Compañía y solicitó a los presentes que con el mayor fervor rezáramos un Padre Nuestro y un Ave María.

 

El último gran cambio

El año 2005 se iniciaron los trabajos de reestructuración de nuestro Cuartel. Este consiste básicamente en reemplazar el tradicional "Castillo" de entrada, el mismo que construyera Harrington en 1917 y que diera ese tan característico estilo a nuestro cuartel. Motivados principalmente por la imposibilidad de ingreso de material Mayor, la Tercera se vio en la necesidad se sacrificar aquella vieja y hermosa parte del cuartel y transformarla dando paso así, a las nuevas y grandes máquinas.

Se han aprovechado materiales tales como finas vigas y maderas de la más noble madera, las mismas que sostuvieran por casi 90 años al viejo acceso de tal forma de no perder en lo absoluto la esencia arquitectónica del nuevo acceso. También hemos procurado mantener la estética del antiguo acceso de forma de no quebrar el esquema clásico que caracteriza a nuestra bella casona.

Nos cabe hoy agradecer a todos los que entregaron todos sus esfuerzos para este sonado retorno. A través de este sintético relato podemos individualizarlos y reconocerles sus desvelos, frustraciones y, finalmente, su algarabía por la coronación de una meta que parecía casi imposible de alcanzar en sus comienzos. Algunos de ellos ya no están con nosotros, otros aún tenemos el placer de contar con su presencia. La Tercera agradecida les rinde su reconocido homenaje.

 

Claudio Chaparro Forn