El miércoles 30 de enero de 1907.

Valparaíso aún removía sus escombros luego del terremoto del 16 de agosto de 1906. La primera gran desgracia que le tocó soportar en el siglo XX. Todo era ruina y escombros, además, se lamentaba la muerte de alrededor de cuatro mil ciudadanos.

Los últimos días del veraniego mes de enero de 1907, se realizaba una reunión presidida por el intendente provincial, don Enrique Larraín Alcalde, contándose al mismo tiempo con la presencia del alcalde de la ciudad, don Enrique Bermúdez, y los miembros que constituían la Junta de Reconstrucción del Almendral. Todos ellos con el fin encargado por el presidente de la República, don Pedro Montt Montt, quién había asumido la primera magistratura tan solo en septiembre de 1906 y había heredado la misión de reconstruir toda la zona arrasada por el terrible movimiento telúrico ocurrido. Tanto encomio puso en ello, que al paso del tiempo la ciudad le reconoció su esmero denominando a una de sus principales avenidas con su nombre.

Por aquellos días, otras noticias importaban la atención de los porteños, a saber: que el proceso seguido en contra del asesino Emile Dubois estaba ya en manos de la Corte Suprema de Justicia, que los miembros de la Cámara de Diputados, tras largos debates, habían llegado a un acuerdo para un proyecto de estudio y construcción de un ferrocarril longitudinal. En el campo internacional, las noticias que llegaban eran la agonía del escritor ruso León Tolstoi, de acuerdo a informes propalados desde San Petersburgo y, desde Alemania, se comentaba el favorable resultado de las recientes elecciones para el Kaiser Guillermo.

Los días lunes 28, martes 29 y miércoles 30 de enero de 1907, aparecía en los periódicos de mayor circulación de Valparaíso ("El Mercurio" y "La Unión") un escueto aviso que decía lo siguiente: "Tercera Compañía de Bomberos, Cousiño y Agustín Edwards. Cítase a ejercicio para el próximo Miércoles 30 del presente a las 20,30 horas. El Secretario"

El día martes 29, había pasado por el cuartel de la Tercera, el voluntario don Alberto Van Buren Vallejo. Ahí expresó a algunos voluntarios presentes, que sólo ese día había regresado desde Caldera, lugar al que había concurrido algún tiempo atrás para acompañar a su madre, quién había huido aterrada de Valparaíso luego del terremoto. Además, relató la experiencia vivida el 9 de enero de ese mismo año en la ciudad de Copiapó, al concurrir a un voraz incendio desatado en esa capital atacameña vistiendo su uniforme tercerino.

Al momento de despedirse, comprometió su asistencia para el ejercicio programado para el día siguiente, sin siquiera sospechar lo que le deparaba el destino y la historia.

El ejercicio de aquel miércoles 30 de enero de 1907, al que se encontraba citada la Compañía, sería en combinación con la 8ª Compañía y su principal motivo era probar un carro telescópico recibido algún tiempo atrás por esta última.

El lugar acordado para el ejercicio era la antigua calle Las Heras, hoy Molina, entre avenida Brasil y Blanco.

La 8ª llegó antes, pues la 3ª tuvo algún retraso al tener previamente que elegir un oficial para el departamento de "gallos".

El flamante telescópico se situó en Molina con su motor hacia el norte, es decir en dirección a calle Blanco, a su izquierda quedaron los muros ruinosos del edificio que fue el "Gran Hotel" y, a su derecha, el sitio que antes ocupó la "Litografía Excelsior".

Esta última construcción había desaparecido por completo, sólo quedaban restos de sus bodegas subterráneas, bastante profundas y con gran cantidad de ladrillos y piedras diseminadas y con uno que otro muro destrozado.

Arribada la 3ª, armó su material con rapidez. Utilizó el grifo existente en avenida Brasil y Yerbas Buenas (hoy Eleuterio Ramírez) para alimentar la bomba ("la nueva Cucha"). Probado el grifo se constató que no tenía buena presión de agua, por lo cual, se armó además el grifo existente en avenida Brasil y Edwards.

Con esta nueva fuente de agua se vio que la presión era suficiente para los fines que se buscaban. Se aseguró con amarras el pitón y las mangueras en los tramos de la escala telescópica y se distribuyó el personal con el propósito de proceder al ejercicio.

El Teniente 2º de la Tercera, don Rafael Devés Casanueva, dirigía la maniobra e invitó a quienes quisieran subir voluntariamente, advirtiendo que los que tuvieran algo de temor se abstuvieran. Subieron los voluntarios Carlos Asenjo y Luis Villarino a hacerse cargo del pitón, instalándose, además, otros miembros de la 3ª en la medianía de la escala. Se dio agua subiendo la presión poco a poco sin tener tropiezos ni señales de peligro.

En vista de este resultado, se procedió a cortar el agua y extender la escala en toda su longitud, veintiún metros. Efectuado esto, treparon sólo voluntarios de la 8ª para constatar la resistencia. Bajaron estos y se instalaron las mangueras suficientemente bien amarradas con el pitón en la cúspide. El Teniente Devés nuevamente invitó a quienes quisieran subir voluntariamente para la nueva maniobra. El primero en ascender fue el voluntario Alberto Van Buren Vallejo, quién se colocó en el extremo sujetando el pitón, se le instaló al lado el Teniente Devés, algo más abajo Eduardo Abbot y a sus pies Tulio Symon.

Se dio orden de dar agua con regular presión sin encontrar mayores problemas, aunque se decidió cambiar la boquilla del pitón, para lo cual el voluntario Carlos Asenjo descendió por la escala y regresó con la pieza de recambio, tomando, posteriormente, su posición en la medianía de la escala.

Se procedió a dar agua con más presión ante la expectación del curioso público presente. Cuando la fuerza del agua había llegado a su grado máximo, pudo notarse una ligera trepidación en la escalera y antes de que los voluntarios encaramados en ella pudieran darse cuenta del peligro que corrían, se vio que se empezaba a inclinar. La escala siguió inclinándose hasta el momento que no encontró suficiente resistencia y sustentación en su base y se desplomó con un ruido terrible y aterrador hacia su derecha, lugar donde yacían los ladrillos y piedras de la ex litografía. Allí se destruyó, al hacer las veces de palanca unos restos de murallas que precipitaron la cúspide con mayor fuerza a tierra.

La sorpresa y estupor de los presentes duró escasos segundos, pues todos corrieron para socorrer a las víctimas. Los cuerpos de Devés y Van Buren cayeron sobre las segundas bodegas subterráneas derruidas, siendo rescatados sus cuerpos de entre ladrillos y piedras. El Teniente Devés había perdido el conocimiento y fue transportado a una carpa vecina (A raíz del terremoto se habían instalado estas carpas para cobijo de gente) a fin de prestarle los primeros auxilios. Allí expiró. Los relojes marcaban las 22 horas.

El voluntario Tulio Symon, que había caído en la escalera, se levantó sin mayores problemas y corrió desesperadamente a la Iglesia del Espíritu Santo (Debemos recordar que esta se situaba frente a la Plaza Victoria) para pedir socorro al cura Cristóbal Villalobos, quién se dirigió a la carpa y alcanzó a dar la extremaunción a Rafael Devés. El cadáver fue trasladado de inmediato a la sacristía del Espíritu Santo.

En tanto, el voluntario Alberto Van Buren presentaba heridas en su cara y cabeza. Fue llevado a la misma carpa y se le prestaron las primeras curaciones. Estando allí arribó el médico Roberto Montt Saavedra, don Enrique Deformes, don Carlos Van Buren- su hermano- y otros. En vista de su gravedad fue trasladado a la casa particular de don Julio Jung y allí falleció. Su cuerpo también fue trasladado a la sacristía de la Iglesia del Espíritu Santo.

Se podrá suponer la consternación que produjo esta desgracia entre los familiares de los difuntos, entre sus compañeros voluntarios de la Tercera, en el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso e, incluso, entre la ciudadanía, que veía tronchada la vida de estos dos jóvenes idealistas.

Sus funerales se llevaron a efecto el viernes 1º de Febrero, saliendo el cortejo desde la propia Iglesia del Espíritu Santo con todos los honores que se establecen en estos casos y con el mudo reconocimiento de la gente que vio pasar este triste desfile de despedida.

El Teniente 2º Rafael Devés Casanueva era hijo de don Raimundo y de doña Rafaela y contaba al momento de su muerte con 28 años de edad. En su vida particular trabajaba en el Centro de Corredores de la Bolsa de Comercio de Valparaíso. Había ingresado a la 3ª el 21 de octubre de 1898. El 21 de octubre de 1904 calificó su premio por 6 años de servicio. Ese mismo año había sido elegido Ayudante de Compañía y en 1906, Teniente 2º. Su padre, don Raimundo, fue voluntario de la 5ª Compañía porteña y llegó a ocupar la Superintendencia del Cuerpo de Bomberos ente los años 1889 y 1899. Sus restos reposan hoy en una tumba familiar ubicada en el Cementerio Nº 1 de Valparaíso y son objeto del reconocimiento de la Compañía cada año en el aniversario de su muerte.

El Voluntario Alberto Van Buren Vallejo era hijo de don Juan y de doña Damiana, había nacido en Copiapó y a la fecha de su muerte tenía 24 años de edad. Había cursado hasta el 5º año de Medicina pero razones de salud le impidieron terminar dicha carrera. Se dedicó al periodismo ingresando a "El Mercurio" de Valparaíso, ahí compartió tareas administrativas y de crónica. Había ingresado a la Tercera el 12 de junio de 1906. Hermano menor del insigne hombre de negocios y filántropo porteño, don Carlos Van Buren Vallejo. Al igual que a Devés, la 3ª honra su memoria cada año en el aniversario de su muerte. Sus restos eso sí reposan algo distantes de su compañero de desgracia, pues yacen en la tumba familiar del Cementerio Nº 2 de Valparaíso.

 

 

El viernes 23 de enero de 1959

Enero, al parecer, no es el mes de las buenas nuevas para la Tercera. Habían transcurrido cincuenta y dos años de aquella horrible desgracia, en la cual perdieron la vida nuestros primeros mártires: Devés y Van Buren.

Un veraniego viernes 23 de enero de 1959 todo era vacaciones para algunos, otros, como por ejemplo los bomberos porteños, regocijados porque una Compañía de nuestro propia ciudad justo aquel día enteraba su primer centenario de vida (La Sexta).

A las 11:50 horas sonaron los timbres de alarma, indicándose como sitio amagado un inmueble de la calle San Benito del Cerro Larraín. Nuestro carro sale al mando del Teniente 1º señor Aníbal Cruzat Matta, conducido por el Cuartelero señor Manuel Urra Riveros y tripulado por el Sargento 2º señor Víctor Jeanneret Chellew, el voluntario señor Pedro Sepúlveda, el voluntario de la 2ª Compañía señor Gustavo Neckelmann W. Y por el Ayudante de Cuartelero señor Carlos Urra, hijo del conductor.

Nuestro carro American La France enfiló por la Avenida Pedro Montt, una serie de circunstancias impredecibles se conjugaron en el cruce de esa avenida con Uruguay. Un trolebús estaba reiniciando su movimiento tras estar detenido en la esquina, lo que no permitió la visión de nuestro Cuartelero para visualizar lo que venía desde calle Uruguay. A su vez, el carro Mack de la 5ª Compañía, que tenía su cuartel provisorio en calle Van Buren, bajaba por Avenida Uruguay para tomar Pedro Montt. Al llegar al cruce, se encontró con una camioneta indebidamente detenida que le impedía el libre tránsito, en el medio de la calle se había formado un montículo de arena extraída desde el cauce de aquel cruce. Todo esto se confabuló para que el Cuartelero de la 5ª tuviese que hacer una maniobra desesperada y doblar en Pedro Montt sin visión alguna . La colisión fue feroz. El carro de la Tercera se encontró de pronto con el carro de la 5ª, al que chocó por la parte trasera, ya que éste estaba cruzando la calzada.

Debido al violento impacto, el carro de la 5ª giró sobre sí mismo dos veces y se precipitó, sin control, sobre el trolebús 823, rebotando en él y girando nuevamente esta vez en sentido contrario, pasando a llevar a un comerciante ambulante.

El carro de la 3ª, aún cuando su velocidad disminuyó ostensiblemente al chocar con el de la 5ª, alcanzó a desplazarse algunos metros más, atropellando a su paso a un transeúnte. La cabina de nuestro carro quedó totalmente destrozada.

Después de eternos cuatro minutos de esfuerzos, se logró rescatar de entre los fierros al Cuartelero señor Urra y al Teniente 1º señor Cruzat y llevados a la Asistencia Pública. El Teniente Aníbal Cruzat, pese a los esfuerzos médicos, pereció posteriormente. Los otros tripulantes del carro terminaron heridos. El Sargento Víctor Jeanneret y el voluntario Neckelmann de cierta consideración y, en forma leve, el voluntario Sepúlveda y el ayudante de cuartelero Urra.

En el carro de la 5ª, conducido por el Cuartelero Carlos Valdés, viajaba en la cabina el Secretario señor Luis Rigal y, en la parte trasera, el voluntario Eduardo Fernández y el ayudante del Cuartelero Santiago Guastavino. Estos últimos fueron lanzados lejos tras el impacto y trasladados a la Asistencia Pública. Pasadas las 13 horas falleció el señor Guastavino, en tanto, el voluntario Fernández quedó hospitalizado con contusiones diversas. El Cuartelero luego de ser atendido quedó en observación en la propia Asistencia. El señor Rigal resultó ileso.

Posteriormente, falleció el comerciante ambulante atropellado por el carro de la 5ª.

Un momento de pánico sobrevino cuando nuestro carro American La France comenzó a incendiarse, siendo dominado el fuego por voluntarios y transeúntes presentes en el lugar.

Pocos minutos después de producido el accidente, se hicieron presentes autoridades civiles, del Cuerpo de Bomberos y Carabineros, con el objeto de informarse de la magnitud de la tragedia.

El lunes 26 falleció nuestro Cuartelero Manuel Urra Riveros al no reponerse de las graves heridas recibidas.

En un gesto que la enaltece, la Sexta Compañía, que como señalábamos celebraba aquel día 23 su primer centenario, pospuso todas sus celebraciones para tan magna fecha en señal de duelo por lo acontecido.

El Teniente Aníbal Cruzat Matta había ingresado a la Tercera el 4 de marzo de 1943. El año 1946 fue elegido Ayudante, el año 1948 fue nombrado Sargento 2º y Maquinista. Soltero, licenciado en Derecho, contaba a la fecha de su muerte con 36 años de vida. Era hijo del abogado, profesor. ex senador y ex intendente, señor Aníbal Cruzat Ortega y de la señora Sara Matta, una de las damas directoras del Hospital de Niños de Valparaíso.

El año 1954 había recibido su premio por 10 años de servicio. El año 1959 había sido elegido Teniente 1º. Su cariño por la Compañía lo había hecho incorporarse permanentemente a la Guardia Nocturna. En su vida particular se dedicaba a actvidades comerciales. Su pasión y dedicación la tenía depositada en el material rodante de la Tercera.

Al mediodía del día 24 de enero se hizo presente en nuestro cuartel S.E. el Presidente de la República don Jorge Alessandri Rodríguez para presentar sus condolencias.

El Cuartelero Manuel Urra Riveros había ingresado como tal a la Tercera el año 1949 era casado con la señora María Cristina Vidal y tenía dos hijos: Patricio y Carlos. Ambos siguieron las aguas de su padre. Patricio toda su vida la dedicó a ser Cuartelero de la 4ª Compañía, Carlos, en primera instancia, continuó como Cuartelero en la Tercera, pero después renunció para dedicarse a otras labores particulares.

Manuel Urra había tenido la dicha de recibir el flamante carro American La France el año 1950, toda una revolución en los carrobombas existentes en Valparaíso, quiso el destino que perdiera la vida conduciéndolo.